Opinion

DEPORTE

La otra cara del fútbol

24/12/2014

 

Texto: Iliass Ben Abdenour

En España cuando se habla de los ultras se refiere a los radicales seguidores de un determinado equipo que acuden a los estadios y que normalmente tienen un nombre que en la mayoría de los casos es el vivo reflejo de la ideología predominante en el seno de estos grupos. Su propósito no es otro que llamar la atención con cánticos discriminatorios y racistas, insultos, vejaciones e incluso en algunas situaciones se recurre a la violencia con el objetivo de marcar territorio para intimidar a los demás. Y cuando dos grupos ultras de diferentes equipos se encuentran cara a cara en un espacio público, las consecuenias pueden llegar a ser nefastas tal como ocurrió hace unas semanas cuando los ultras del Atlético de Madrid y el Deportivo de la Coruña se enfrentaron saldándose la pelea con la muerte del coruñes Francisco Javier Moreno, conocido como Jimmy.

En Marruecos los Ultras se pasan la semana antes del partido preparando el famoso mosaico (Tifo) para deleitar a los presentes con mensajes de apoyo a su equipo. No obstante, últimamente estos grupos están mostrando otra cara bien distinta cuando se trata de apoyar a sus equipos. La atención de estos seguidores se centra más en provocar a los seguidores del equipo rival con cánticos ofensivos metiéndose con sus familias, con la ciudad de la que provienen y con sus orígenes. La situación ha llegado a ser en ocasiones tan alarmante que incluso ha habido víctimas mortales por el simple hecho de ser simpatizante de uno u otro equipo, hecho que ha conmocionado al deporte y a la sociedad en general.

Si llegamos a este extremo es porque algo no estamos haciendo bien, así de simple. Viendo la manera tan rápida con la cual se propaga esta plaga, muchos se preguntarán por el papel que deben desempeñar los padres, los educadores y la escuela. Se hechan de menos también estudios sociológicos que traten de explicarnos el fenómeno, sus riesgos y peligros.

Los jóvenes que forman parte de estos grupos proceden de distintos estratos sociales, en algunos casos el nivel académico de los mismos es bastante considerable, por lo que no es de extrañar hallar en las filas de estos ultras a personas licenciadas y que dominan las lenguas. También hay quien debido a la presión social a la que se ve sometido diariamente, tanto en la escuala como en casa así como en la calle, aprovecha su ingreso en estos grupos con el único objetivo de exteriorizar todo el odio que lleva dentro, sin saberse de memoria la alineación titular del equipo al que anima. Los perfiles sociológicos de los miembros de los ultras varían por lo que podemos encontrar a gente bien instruida y a otra con serios problemas de aprendizaje.

El impacto que tienen el sector educativo y los medios de comunicación debe aprovecharse para la organización de campañas de sensibilización y concienciación con lemas que velen por la seguridad en las gradas, la hermandad entre las aficiones, el espírito deportivo, la construcción de puentes de diálogo para burlar las barreras de la incomunicación, que en muchas ocasiones impiden a los jóvenes de otras ciudades conocerse mejor, y así acabar con los estereotipos regionales existentes en el país y que por alguna razón u otra resultan ser el detonante de las peleas que surgen entre los ultras y, sobre todo, fomentar la idea de que el deporte une, hace amigos y allana el camino para un conocimiento mucho más profundo entre las aficiones.

No queremos imaginar el día en que los padres se nieguen a llevar sus hijos a los estadios como protesta a los incidentes que ocurren tanto dentro como fuera de los terrenos de juego, porque de esta manera privaran a sus hijos de ver a sus jugadores favoritos que imitan en casa o en el recreo, y para evitar tal abstención, los ultras deben pensárselo dos veces antes de actuar para no ser los protagonistas del declive de un deporte seguido con mucha pasion por muchos niños de todo el mundo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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