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CELEBRACIÓN

Los musulmanes conmemoran el 10 de marzo el nacimiento del profeta Mahoma

 |  02/03/2009
Los musulmanes conmemoran el 10 de marzo el nacimiento del profeta Mahoma
M. Gharbi.- Tánger


Según un comunicado del ministerio de Habous e Asuntos Islámicos de Marruecos, el primer día del tercer mes musulmán Rabie I (Rabie Al-Awal) del año 1430 de la Hégira fue el pasado viernes 27 de febrero, por lo que 'El Aid Almawlid Annabawi' (fiesta del nacimiento del profeta Mahoma) será el martes 10 de marzo que corresponde al 12 de Rabie I, la fecha anual de la conmemoración del nacimiento de Mahoma.

Esta celebración es una de las más importantes para los más de mil millones de musulmanes de todo el mundo. Las celebraciones religiosas incluyen concursos de recitadores del Corán, el libro sagrado de los musulmanes, y discursos conmemorativos en las mezquitas, que destacan la importancia de la unidad de las naciones islámicas y la obligación de no olvidar las enseñanzas del profeta.

Mahoma nació alrededor del año 570 después de Cristo en el centro occidental de la actual Arabia Saudí, donde fundó y predicó el Islam hasta su muerte, en el 632. Mahoma fue el profeta fundador del Islam. Su nombre completo en lengua árabe es Abu l-Qasim Muhammad ibn ‘Abd Allāh al-Hashimi al-Qurashi.

Árabe de la tribu de Coraix, hijo póstumo de Abd Allah ibn Abd al-Muttalib, era miembro del clan de los hashimí.

De acuerdo con la religión musulmana, Mahoma está considerado el último de una larga serie de mensajeros enviados por Dios para actualizar su mensaje que, según el Islam, sería en esencia el mismo que habrían transmitido sus predecesores, entre los que se contarían Ibrahim (Abraham), Isa (Jesús) y Musa (Moisés).

En el año 620 d. C., Mahoma emprendió un viaje por la noche que es conocido como ‘Israa’ y ‘Mihraj’. ‘Israa’ es una palabra en árabe que se refiere a un viaje milagroso desde La Meca a Jerusalén, específicamente al lugar conocido como Masjid al-Aqsa situado en Jerusalén. El ‘Israa’ fue seguido por el ‘Mihraj’ (‘ascensión al cielo’), donde recorrió los siete cielos y se comunicó con los profetas que le precedieron, entre ellos, Abraham, Moisés y Jesús.

Tras una fulminante enfermedad, Mahoma falleció el 8 de junio del 632 en la ciudad de Medina a los 63 años. A su muerte, el profeta había unificado toda la Península Arábica y expandido la religión islámica en esta región, así como parte de Siria y Palestina. Posteriormente, sus sucesores extendieron el dominio del imperio árabe a Palestina, Siria, Mesopotamia, Persia, Egipto, el norte de África y España.

Los musulmanes profesan amor y veneración a Mahoma. Cuando hablan de Mahoma, su nombre siempre va precedido del título de profeta y es seguido de la frase "que Dios le bendiga y le dé su paz" o "la paz y la oración estén con él”

Mahoma, hijo de Abd Allah y de Amina, fue huérfano de padre desde muy niño. Al morir su madre, cuando él tenía 6 años, se fue a vivir con su abuelo y más tarde con su tío Abu Talib. Desde los 7 años fue pastor de ovejas y a los 24 entró trabajó para una viuda rica, Jadiyá, con la que después se casó.

Buen conocedor del desierto, se convirtió en guía de caravanas que iban y venían a La Meca. En este tiempo se ganó fama de hombre justo y buen comerciante, llegando a doblar los bienes de su esposa. En sus viajes pudo conocer la religión judía y la cristiana.

Hacia los cuarenta años (610) tuvo una crisis religiosa y se retiró a meditar a una cueva en el monte Hira a las afueras de la ciudad de Meca. Allí se le aparecía el ángel Gabriel y le revelaba el mensaje divino. Tres años más tarde se reanudaron las revelaciones y se sintió llamado a predicar al Dios único.

Tras algunas dudas, Mahoma se lanzó a predicar. Predicó la existencia de un solo Dios frente al politeísmo árabe tradicional, la necesidad de ocuparse de los desheredados, la resurrección tras la muerte, el juicio divino, invitándoles a someterse a Él y a ayudar a los pobres, la omnipotencia de Alá, el único Dios (‘al-Lah’= ‘el Dios’); y se consideraba heredero de la fe de Abraham. Su misión le creó numerosos enemigos y persecuciones, pero eso no detuvo su creciente influencia, el aumento de sus fieles ni el de su poder político.

Sus palabras empezaron a calar en algunos oyentes, especialmente en su familia y los más pobres, mientras otros, la mayoría, pensaban que estaba poseído. En sus predicaciones atacaba el politeísmo de la ciudad, lo que podía arruinar el negocio de los comerciantes porque los líderes Coraix pensaban que los esclavos que trabajaban para ellos iban a abandonarlos y seguir a Mahoma en contra de la esclavitud.

Por ello, los comerciantes se unieron y provocaron la huida de Mahoma a Medina que temía por su vida, que corría serio peligro. En Medina fue recibido y reconocido como profeta. Grupos de peregrinos llegaron a Yatrib (posteriormente Medina) y se convirtieron a la adoración de Alá, el único Dios, y se comprometieron a protegerle en su ciudad (Medina).
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